Él: Sí, yo quiero algo serio, me gusta como eres y lo que piensas. Creo que podemos intentarlo y superar juntos las barreras que nos encontremos.
Yo: Por supuesto que sí! He soñado con esto desde siempre y voy a poner todo de mi parte para lograrlo.
...
Y, claro. La historia lo podemos ir tejiendo como lo queramos, hasta podemos intuir el futuro de la trama y darle un trágico final o uno donde todos sean felices. Pero, ¿cuál es la realidad? Todas las historias y demás escritos tienen un toque de nuestra realidad personal. Y, sí. También me he ilusionado y me han ilusionado con una vida en pareja, lo he intentado y dejado la carne y el alma en ello. Y, sí. También me he decepcionado y me han decepcionado, he sufrido la traición y he tomado venganza de ello, he pedido perdón y he perdonado. Y así puedo remontarme hasta las experiencias y los días en que realmente me sentí feliz a su lado, como los días en que deseé jamás haberlo conocido.
Pero, si algo he aprendido en todo esto, además del desequilibrio que es capaz de causar ese fenómeno tan extraño al que denominamos amor; es que, es tan fácil ilusionarse con una vida perfecta, construyendo irremediablemente una relación que funciona -aunque sea en la imaginación-, y luego, resulta tan fácil soltarse a llorar y pedir perdón por algo que no estamos seguros que hicimos mal, pero que, pensamos que con eso se van a solucionar las cosas y todo seguirá funcionando a la perfección.
Ilusiones.... Y de qué es que vivimos los humanos, sino de esas ilusiones que nos causa el compartir la vida con alguien que nos potencie la felicidad, de que todo va a estar bien, de mirarlo a la cara y corroborar una y otra vez que es la persona correcta y que hemos acertado en conservarlo en nuestra vida.
....Y, cuando las ilusiones o las desilusiones son en exceso, pues decidimos cerrar el corazón y los sentimientos y darle vuelo al desenfreno, vengan los cuerpos y las ganas de saciar los apetitos, y así, poco a poco nos va invadiendo la frialdad ante los sentimientos de los demás, incluso el nuestro, y se prefiere un encuentro casual que nos damos el lujo de repetir cuando queramos a, una entrega sin medidas, pues las experiencias amargas saltan como cuadrilla de defensa.
Cierto es. No a todos nos sucede lo mismo, hay quien con escuchar y ver las experiencias de otros, decide siquiera intentarlo, hay quien ya cansado de buscar y no encontrar nada, también decide dejarlo y hay a quien simplemente no le interesa el caso y deja al mundo rodar. Pero, en cualquier situación, las ilusiones de ser o tener a alguien a nuestro lado, van marcando la pauta de nuestra existencia.
En definitiva, amar y ser amado requiere de gran valentía. En estos tiempos donde la facilidad del sexo impera y los sentimientos quedan desplazados (no dejan de existir, sino, por el contrario, se hacen presentes con mayor énfasis), debemos de apelar a la propia dignidad, al sentido de nuestros días y a los pequeños detalles que nos brindan satisfacción.
La vida es maravillosa. Pero, es mejor si la vivimos en realidad. Si la vivimos, no con falsas ilusiones, sino con certezas y con la esperanza segura de que cada día seremos más felices que ayer.
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